OLGALUCIENTA Y EL DESORDEN (Un Cuento de Hadas doméstico)


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Image by Kjirstin via Flickr

Mi casa está desordenada: hay zapatos, botas,  pañales y  ropa tirada por todas partes; hay triciclos, carros y carritos obstruyendo el paso; las mesas ostentan un collage de pan mermelaludo, salchichas mordidas y restos de teteros. No importa cuántas veces recojamos, limpiemos, trapiemos ni barramos porque MIS NIETOS ESTÁN AQUÍ Y EL CAOS SE APODERÓ DE MI CASA. Pero , ¿saben? NO me importa y les voy a contar por qué en este Cuento de Hadas:

Hace muuuchoos años  en una ciudad llamada Saint Paul vivian Olgalucienta y sus  3 hijas: Lina, la mayor, tenía 5 años y medio;  Angie, tan sólo 2 añitos;  y Pili,  de escasos 6 meses. Su marido trabajaba toooodo el dia y  solo regresaba a casa al oscurecer por lo que ella permanecía solita con sus 3 retoños . Un día, Angie amaneció con diarrea y vómito y la primera  emisión del día fue justo sobre el tapete BLANCO de la sala. Al mismo tiempo, Pili lloraba porque quería que la amamantara, mientras Lina halaba de su falda pues requería de su  atención para que jugaran con ella.

Olgalucienta y sus hijitas lloraban, lloraban, lloraban…  Cuando de pronto ¡sonaron las campanas de la puerta! Olguicienta secó sus ojos y al abrir vió  una señora de unos 45 años allí parada. La desconocida la miró con ojos comprensivos y dijo

– Hola soy tu vecina del lado y vengo a saludarte- y, al ver este caos tan horrible, la buena señora añadió -Vamos todas a mi casa. Las niñas pueden jugar en el sótano mientras nosotros nas tomamos un café.

Sobra decir que Olgalucienta aceptó dichosa y agradecida.

En cuanto llegaron a su castillo, Olgalucienta notó el orden y el aseo. Todo estaba tan resplandeciente que no pudo más que expresar su admiración una y otra vez.

Y entonces, la señora le dijo, con voz un poco triste: -Te agradezco los elogios, pero la verdad es que el orden es sinónimo de SOLEDAD. No sabes cuánto quisiera caminar por entre maletines tirados por todas partes, cuánto quisiera tener que recoger zapatos, cómo gustaría tener con quién pelear por el control de la televisión, cómo quisiera tener compañía…. La amable señora enjugó sus lagrimas y añadió: Disfruta del caos que reina en tu casa: en menos de lo que te imaginas estarás sola.

Olgalucienta regresó a su hogar y vió con buenos ojos todo el desorden y entendió que lo importante no es que haya desorden sino que haya quien lo haga.

FIN

2 responses to this post.

  1. […] informacion obtenida en : https://elcajondeminochero.wordpress.com/2011/04/25/olgalucienta-y-el-desorden-un-cuento-de-hadas-dom… […]

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