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UNA MANZANA PARA LA MAESTRA


 

Soy maestra por formación y por vocación  y aunque ya no ejerzo formalmente , sigo enseñando. Hace poco tuve en mi oficia a Alejandro*, un niño de 10 años remitido por mi hija mayor , quien me proporciona la dicha de tener alumnos esporádicos y me da la oportunidad de ayudar aquellos que están presentando alguna dificultad en su aprendizaje.

Pues bien, Alejandro llegó a mi oficina acompañado de su mamá y ambos estaban visiblemente nerviosos. Salí a su encuentro y Alejandro y yo nos acomodamos en el sofá y me puse a conversar con el niño de lo humano y lo divino.  Mi hija me había contado con antelación que el niño no quería entrar al colegio pues tenia dificultades para leer y sus compañeros se burlaban de él, entonces le propuse que “leyéramos juntos” unos poemas escritos por mi, que aunque no tienen ni rima ni métrica si tiene alma.

Alejandro se reía con las sandeces de mis poemas y abría unos ojos enormes cuando leía, una que otra palabra, acerca de las aventuras de Aurora. Y así entre charlas y risas hicimos muchos ejercicios de lectura. Al cabo de un rato , los invité a que pasáramos a mi oficina para “charlar” con ellos y compartir un refrigerio que les tenia preparado.

 

Hablamos de sus temas preferidos,  comimos chocolates y pasamos un buen rato.Le dije lo mucho que había disfrutado compartir con él mis escritos y le enfaticé que era un buen lector pero que si quería ser el mejor, así como en el futbol, necesitaba practicar, practicar y practicar…

para finalizar, les sugerí actividades lúdicas para fomentar la lectura tales como:

  • Disponer de un lugar especial para guardar los libros, puede ser una caja de cartón decorada con dibujos de los personajes favoritos de Alejandro.
  • Comprar comics y revistas de aventuras
  •  Aprovechar la compra de víveres y dictar la lista de los que necesitan y luego pedirle a Alejandro que la lea.
  • Escribir cartas a los abuelos, o a un primo o un amigo.
  • Leer cuentos a sus primos, amigos o hermanos menores
  • Y por ultimo, le sugerí a la mamà de Alejandro que escogieran una hora del día para que se sentaran juntos a leer, pues no hay mejor maestro que el ejemplo.

 Nos despedimos con un abrazo apretado, de esos que te ponen una sonrisa en el alma y acaban con todos los miedos.

Ha pasado una semana y acabo de llegar  a mi oficina y sobre mi escritorio hay 2 manzanas: una roja y otra verde.

Vino a buscarla Alejandro y le dejó las manzanas de regalo, son para usted – informó Cruz Elena, mi secretaria

Sonrío complacida y es que siento un felicidad enorme por mucha razones: una por la gratitud de Alejandro, cualidad muy rara de encontrar por estos días.  otra, porque supe que lo que había hecho, había tenido un impacto positivo en Alejandro y que las semillas sembradas habían caído en terreno abonado. Y como si fuera poco, porque compruebo una vez más, que los niños SI responden al amor, la paciencia , el tiempo que les dedicamos y que actúan de acuerdo a lo esperemos de ellos.

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GRACIAS ALEJANDRO, ESTABAN DELICIOSAS!!

 

 

 

 

*Nombre inventado para proteger la identidad del niño