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Aprendí que la vida es un ratico y hay que vivirla a lo bien!!


La verdad es que a pesar de haber estudiado, leído, oído y hablado de la importancia de la programación neurolingüistica; de haber visto en niños y adultos cómo lo que piensan de si mismos los define; de saber que uno debe ser pulcro en lo que piensa y dice pues los pensamientos y las palabras tienen fuerza y poder, no lo apliqué en mi vida personal cuando a finales del 2013 recibí una llamada amenazante y extorsiva y permití que el miedo se apoderara de cada una de las fibras de mi cuerpo y me impidiera pensar con claridad. 45 llamadas más tarde cesaron las amenazas pero ya habían sembrado en mi el terror, la desconfianza, la desesperanza…
No pude volver a mi trabajo, me enfermaba con frecuencia y, aunque trataba de participar en gestas cívicas y en movimientos políticos, la verdad es que habían anulado mi capacidad de resiliencia y habían doblegado mi espíritu, convirtiéndome en una mujer triste y desconfiada.

Pasaron muchos meses en donde una “tragedia” sucedía a la otra. Mi esposo y mis hijas me recordaban la importancia de tener una mente positiva, de cuidar mis palabras y mis pensamientos, de no hacer suposiciones. Y, aunque hacía esfuerzos enormes por aliviarme, por reír, por salir del torbellino que me envolvía, mis esfuerzos no fueron suficientes y me hice daño. A finales del año pasado tuve un “campanazo” de salud que me revolcó duro, pero lo primero que hice fue llorar a mares imaginándome el peor escenario. Por fortuna también prendí el deseo de vivir y me puse en la tarea de estar “lo mejor posible” para enfrentar con éxito la cirugía a la cual me iba a someter; acepté que los médicos ponían el 50% pero que yo estaba a cargo del otro 50% y entonces puse manos a la obra. Lo primero que hice fue cambiar de actitud y, para recordarlo, acomodé la letra de la canción infantil que dice: buenos amiguito como estás? MUY BIEN!! por: Buenos días actitud. Cómo estás? MUY BIEN!!!, y me paraba frente al espejo y la cantaba duro, a todo pulmón. Aumenté el ejercicio y comí los alimentos adecuados para nutrir mi cuerpo, mi mente y mi espíritu.
Sin lugar a dudas el apoyo, el amor y el cuidado de mi familia fueron definitivos para el éxito obtenido. Y es que cómo no me iba a sentir fortalecida si estaba usando la “mascara aliviadora” diseñada por mi nieto Matías de 5 años y estaba cogida de la mano de Emilio, mi nieto de tan solo 9 años que me decía “TA, cuando tengas miedo, aprieta mi mano duro”? Y cómo no darlo todo si tenía al lado a mi marido que hacía todo por no dejarme desfallecer y a mis hijas que recogían mis pedazos y me ayudaban a recomponerme para levantarme mil veces cuando estaba hecha trizas?

La cirugía, los quebrantos de salud, la tristeza, la melancolía , el miedo de todo y de todos quedaron atrás, y es que comprobé que tener una actitud positiva SÍ es necesaria para tener una buena salud, que mis pensamientos chatarra son tan dañinos como la comida chatarra, que quedarme encerrada lamiéndome las heridas no soluciona nada. Y sobre todo, aprendí que la vida es un ratico y hay que vivirla a lo bien!!