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LA VERDAD ACERCA DE LAS MENTIRAS QUE LES DIJE A MIS HIJAS…


 

Estoy feliz pues mi casa está llena y mi mesa tiene todos los asientos ocupados.  Aquí estamos todos: mi esposo,  mis hijas, mis nietos y mis yernos y eso siempre es motivo de inmensa alegría

Cada vez que nos juntamos, pasamos ratos muy agradables en donde la risa siempre está presente. En esta ocasión hemos tenido tiempo para hablar de lo divino y lo humano, cocinar y compartir, y hasta aquí todo suena maravilloso. Pero cuando mis tres hijas se juntan y prenden el espejo retrovisor las cosas se complican. Verán, como madre he tenido muchos aciertos, no es sino verlas para uno darse cuenta de que quedaron bien criaditas. También he de reconocer que hubo uno que otro desacierto…

Esta vez, el tema  ha sido las mentiras que YO les decía cuando ellas estaban chiquitas. La conversación se desarrolló más o menos así:

-Se acuerdan cuándo mi mamá nos decía que si intentábamos pegarle se nos secaba la mano?- preguntó Lina, la mayorcita.

-Yo me vine a dar cuenta que eso era mentira, -respondió Angie, la de la mitad-  porque un día que mi mamá había pasado por mi cuarto con la temible bolsa negra y se me había “llevado” los zapatos de la Barbie, disimuladamente pasé por su lado y le pegué a la falda y no se me secó la mano!!! Ya tenía yo como 8 años.

-Eso no es nada. me acuerdo como si fuera hoy cuando descubrí que podía meterme a la piscina y nadar en Semana Santa sin convertirme en sirena- dijo Pili, la menor, quien añadió -y estaba muy mayorcita cuando descubrí que le famoso “detector de mentiras” que supuestamente tenía guardado en la repisa del clóset era un tocadiscos viejo.

Sentada en medio de ellas empecé  a reflexionar sobre las mentiras que les dije a mis hijas durante años. Eran las mismas que mi mamá me dijo a mí y estoy segura eran las mismas que sus padres le dijeron a ella.

El tema me llamó la atención y me puse a investigar un poco al respecto y me encontré con  una investigación que fue llevada a cabo por ICM Omnibus entre 1.000 padres del Reino Unido  y encontraron que  8 de cada 10 padres , le dice  “mentiritas blancas” a sus hijos con el fin de convencerlos de hacer o no hacer algo determinado. El estudio también encontró que un  66% de los padres estaban dispuestos a recurrir a una mentira piadosa si todo lo demás había fallado,  y  8 de cada 10 papás dicen haberles mentido a sus hijos con la intención de  protegerlos de una verdad que consideran dolorosa .

Las  mentiras más populares alrededor del mundo son las mentiras que tiene que ver con la existencia de personajes fantasiosos como el Ratón Perez, encargado de recoger los dientes de leche que ponemos bajo la almohada y  dejarnos a  cambio una moneda  de plata; otra muy popular ,  el 48% de lo padres la ha utilizado, es que si comemos espinacas tendremos la fuerza de Popeye el Marino . El 90% de los entrevistados les ha hablado a sus hijos de la existencia de Papá Noel (o niño Dios)  y de cómo este personaje baja por la chimenea cargado de regalos. El 84% de los entrevistados admitió haberle dicho a sus hijos que Papá Noel o el niño Dios o los reyes magos,  sólo le dejan regalos a los niños buenos, que se han manejado bien, han comido sus vegetales e ido a la cama temprano.

Más del 60% de los adultos le ha dicho a sus hijos que estar sentados frente al televisor por mucho tiempo, les pone  los ojos cuadrados. Un  39% admite haberle dicho a sus pequeños que sus partes privadas se caerán si juegan con ellas demasiado;  más del  40% le ha dicho a sus hijos que si comen zanahorias podrán ver en la oscuridad, y por lo menos el 20% de los niños han sido advertidos por sus padres de que la policía los meterá a la carcel si dicen palabras soeces, meten mentiras o pelean con los hermanos.

Lo cierto del caso es que todos, unos más que otros,  hemos utilizado estas mentiras blancas o piadosas con el fin de convencer a nuestros hijos y lograr un determinado comportamiento. Estas mentiras son definidas por el Dr. Sigman como verdades a medias, adornos o mitos  que utilizamos los padres para explicar las respuestas a preguntas difíciles. Al respecto Sigman dice “Los padres no deben sentirse mal por utilizar este recurso puesto que,  en la mayoría de  los casos,  dicen mentiras blancas con buena intención,  para proteger la inocencia  de sus hijos,  para estimular la imaginación de los niños, porque la respuesta a una pregunta es demasiado complicada y  porque estas mentiras blancas son llenas de encanto, de emoción y de aventura para los niños.”

Para concluir, quiero compartirles lo que me preguntó mi hija Ángela cuando la regañé por “mentirosa” pues estaba contándonos unas historias muy inverosimiles acerca de un animal imaginario que ella llamó “guadual femoroso”

¿Cierto mami que si los que escribieron a caperucita roja hubieran sido hijos tuyos, tu no les hubieras dejado inventar ese cuento?

Yo me quedé sin palabras…

NECEDADES QUE NUNCA OLVIDAMOS…


Christmas 2005

Image via Wikipedia

Definitivamente en épocas de vacaciones prendo el espejo retrovisor. Hoy por ejemplo, después de leer el artículo de Margarita Londoño Vélez en www.kienyke.com acerca de cómo han cambiado las celebraciones de Semana Santa, sentí nostalgia por un lado pero por el otro recordé tooodas las necedades que hacíamos. Recuerdo un viernes santo en el que mi mamá nos dejó ir, a ella  y a mí, para el parque con la condición de no bañarnos en la piscina  y con tal de que nos dejaran ir aceptamos, aunque no de muy buena gana. Justo antes de salir y como para rematar Lola, la empleada, nos dijo: -Señoritas no se les olvide que el que se baña en viernes santo  se vuelve sirena.-

En cuanto llegamos y vimos a todos los amigos jugando en el agua la  envidia se apoderó de nosotros. Nos sentamos bajo un árbol a verlos jugar  y a refunfuñar : -Mhhh fulanita sí es muy mala tirando la pelota; seguro que si estuviera en la piscina yo lo hubiera hecho mejor.

-Yo soy capaz de atravesar la piscina de lado a lado por debajo del agua-, aseguré yo. Un largo silencio acompañado de risitas. Finalmente dijo Margara:  -Si nos sentamos en la piscina y metemos los pies no es lo mismo que nadar dentro del agua ¿cierto?

– Tienes razón- le contesté. Dicho esto las dos nos levantamos de un brinco  y nos fuimos a sentar al borde del agua y a meter los pies.

-¿Qué les pasa que no se meten?. Vengan, ¡el agua está deliciosa!- Nos gritaban los amigos agitando sus brazos. Miré mis piernas y le dije a mi prima: si lo de volverse sirenas fuera verdad, no crees que ya debíamos tener escamas en las piernas? Pues claro contestó mi prima y añadió: y los que llevan tanto rato ahí metidos ya serían sirenas, ballenas, de todo. Y entonces esto no sería piscina sino acuario dije yo. Ja Ja   Ja ja ja  y con esta carcajada nos tiramos al agua con ropa pues no habíamos llevado vestido de baño.

Sobra decirle que  jugamos y gozamos toda la tarde. Cuando ya todo el mundo se empezó a salir para regresar a sus casas nos dio un ataque de pánico. Nos salimos de la piscina con la ropa emparamada y la conciencia alborotada, mi Pepe Grillo decía desobedeciste, sentiste envidia, dudaste de tus mayores.  y estoy segura que la conciencia de Margara, a juzgar por su cara de remordimiento,  también la estaba regañando.

-Y ahora ¿qué vamos a hacer?- dije preocupada -y si Lola tenía razón y uno se vuelve sirena DESPUÉS de haberse bañado? y  si mañana amanecemos con escamas? y, y , y ….

Al borde de las lagrimas Margara dijo: – Ya sé HAGAMOS PENITENCIA .

-Y cómo se te ocurre a ti que hagamos la penitencia si eso lo que ponen los curas cuando uno se confiesa y de eso no sabemos nada- respondí.

Tranquila- me contestó  y añadió – yo sé que uno también puede hacer penitencia pues oí a la a tía Ligia diciéndole a mi mamá “Hermana pues ayune hoy  que eso le sirve de penitencia por no haber visitado monumento”

– A bueno pues si tu lo dices- le contesté dudosa pero como yo no tenía nada que aportar me tocaba aceptar la propuesta de mi prima.  Es muy fácil nos vamos descalzas hasta el campo de golf por la carretera destapada que hay cerca a los rieles del ferrocarril. Dicho y hecho nos quitamos los zapatos y empezamos nuestra caminata del perdón. Después del sacrificio que esto nos representó llegamos al campo de golf sintiéndonos santificadas, no hacíamos milagros de pura pereza. Y como según nuestro parecer Dios ya nos había perdonado, no le teníamos que contar a mi mamá porque como Dios la mandaba a ella….

Ahh tiempos aquellos en los con una sola caminata hacíamos BORRÓN Y CUENTA NUEVA.  Felices Pascuas