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UNA VIDA ENTRE KILOS


En estos días estaba en el gimnasio haciendo ejercicio y noté que una de las asistentes estaba muchísimo más delgada y como siempre quiero saber que hacen para adelgazar, le pregunté al instructor y me respondió: – Esa niña está tomando pastas para adelgazar. Le he dicho en todas las formas lo peligroso que es eso pero no hace caso- !Tantas veces hice lo mismo! Y al final, no valió la pena.

Quiero contarles mi historia con la esperanza de que alguien que esté haciendo esfuerzos desesperados por adelgazar, la lea y aprenda de los errores ajenos, de mis errores. Y los otros, los que no tiene sobre peso, aprendan que no siempre un gordo es un maleducado que no sabe controlar su apetito.

Empecé a ser consciente de que era “gordita” cuando tenía 5 años y la rectora del colegio, que me quería mucho, me puso el sobrenombre de mi bolito, esto sumado a las chanzas y burlas de “las niñas grandes”. Fui gorda a los 5, 6, 7, 9, 10… años y entonces adelgacé de cuerpo pero no de mente. En mi adolescencia tomé yodo para perder peso (compraba una onza de yodo y se lo echaba a una botella de coca cola), me sometí a masajes dolorosisismos, aguanté hambre, tomé litros de agua. Hoy admito que era delgada pero recuerdo sentirme gorda durante todos esos años.

Me casé a los 18 años, tuve mi primera hija y quedé en talla 12. Me pareció lo peor! Tomé grasilan, té bekunis, y cuanta cosa me decían para perder peso y lo logré. Bajé a talla 6 (mido 1.70). Luego nació mi segunda hija, que infortunadamente murió al poco tiempo de nacer. Quedé con unos kilos demás y me dediqué, tal vez para disimular mi enorme tristeza, a ir al gimnasio durante 4 horas diarias, solo comía carne asada con tomate verde y logré tener medidas de reina: 90, 59, 90.

Pronto, quedé embarazada de mi 3 hija y no subí mucho. Me fui a vivir a otro país y justo después de que mi bebe cumpliera el año, quedé embarazada de nuevo. Como todos mis anteriores partos habían sido por cesarea, me pronosticaron dificultades. Admito que durante este tiempo comí lo que no había comido en toda mi vida, al fin de cuentas ya me iba a morir. Durante este embarazo subí 40 libras! Después del embarazo probé de todo, hasta el hipnotismo, para bajar de peso y lo logré una vez más.

Estuve unos años más o menos estable pero siempre, siempre, sintiéndome gorda. A tal punto que seguí haciendo dietas: la de la mayo, la de la sopa de repollo, la de NO comer ni harinas, ni dulces, ni frutas. En el camino me encontré con médicos que me dijeron: usted tiene “reservas” para resistir 3 guerras; tuve otros que me vendieron “pasticas de colores” que me produjeron una depresión tan fuerte que llegaba a mi casa y me quedaba en el carro llorando por horas; otro médico me vendió “pastas del Brasil” que supuestamente eran naturales y que NATURALMENTE, me produjeron una angina de pecho y terminé hospitalizada. Cuando el endocrinolgo me contó que esas capsulas contenian valium, lasix, anfetaminas, hormonas tiroideas me quedé de una pieza. Casi que no recupero el sueño, me pasaba las noches arreglando los closets. En este último experimento bajé 12 kilos y quedé en talla 10 pero con el metabolismo vuelto mierda.

Actualmente, tengo un sobrepeso eeenoorme que, obviamente, afecta todo mi ser: el ser emocional porque mi autoestima es inversamente proporcional a los kilos que peso; el laboral porque hace 10 años que no consigo puesto; el estético porque es casi imposible conseguir ropa bonita, de moda, y grande… Casi todos días de mi vida me encuentro con alguien, bien intencionado por supuesto, que me recomienda el baypass gástrico, la mesoterapia, el aguita de toronja, agua de papa y rábanos licuados, entre otras cosas. Otros me dicen : pero tu eres una gordita linda, tierna y tienes forma! ; otros, no pueden disimular su disgusto: AYY pero como se ha dañado!! ¿Por qué se descuidó asi?

La verdad amigos es que NO me he descuidado, que sí me importa y que sigo intentándolo, pero esta vez, lo estoy haciendo sin atropellarme, sin violentar mi naturaleza, sin caer en las redes de los vendedores de ilusiones.  4  veces a la semana voy al gimnasio y un profesor, que es un profesional universitario, me dirige durante 2 horas una rutina de ejercicio pensada en mis necesidades; como poco pero de todo  y lo mas importante,  por el momento, me contento con estar “flaca por dentro” .

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